jueves, 2 de septiembre de 2021

Jesús Hernán Peña Antonio

 


JESUS HERNÁN PEÑA ANTONIO, escritor de Tonalá

JESUS HERNÁN PEÑA ANTONIO

 

Poeta y orador tonalteco nacido el 19 de octubre de 1994, profesor de educación básica no por vocación, todos sus estudios los ha realizado en su natal Tonalá, Chiapas.

Hijo de los señores Hernán Peña Velázquez e Isabel Antonio Suriano, desde los quince años participa en todos los eventos y concursos poéticos.

El joven artista es un orador nato, ha ganado diversos concursos donde se funde la voz del orador con el poeta.

Autor del libro: Café cargado de poesía.

Su trabajo ha sido publicado también en las revistas Duvalier, Interdisciplinaria de Estudios Latinoamericanos en el CRESUR, entre otras.

Jesús Hernán Peña, lleva su joven poesía en las manos hecha de espuma, de vuelos, de quejidos de olas y cada mañana escribe un verso que se enreda en el camino sinuoso de un caracol.

 

 

DISTANCIA PROLONGADA

 

Nuestro mundo ahora son las paredes de una casa,

el escondite perfecto para ganar la batalla,

ese monstruo llamado Covid-19

nos ha arrancado los ojos,

ha viajado en tranvías,

en aviones,

en los asientos de automóviles,

de un país a otro.

Ni la muralla china pudo detener su ira,

parece un dragón de fuego

que hiere y que mata,

que nos aplasta a su paso.

Pero no podemos luchar del todo contra él

porque es invisible,

porque no sabemos la hora, ni el día

en el que se ha mutado de un cuerpo a otro,

solo vemos en el televisor,

los cuerpos en los hospitales,

encapsulados, aislados, agonizando,

pero el monstruo sigue ahí,

comiéndose a cada persona,

parece no saciar su hambre,

parece no detener su furia.

Los cuerpos en agonía,

brincando como peces fuera del agua,

sembrados como arboles

que son consumidos por el comején y la polilla,

ya no les que nada, ya no les queda nada

 más que la muerte.

La muerte silenciosa en la mañana,

guardados en mantos de gruesa espesura,

sellados sin el calor de la lagrima fúnebre,

nadie despide a sus muertos,

nadie alcanza a verlos

Porque esos cuerpos

fueron envenenados por el virus,

invadidos hasta los huesos, 

sellados en el cajón perpetuo.

porque ahí está la muerte,

sobre los atardeceres,

 sobre aquel cerro que cabalga,

sobre el pedregal atravesando,

el rio y el agua la guarda,

como una daga mortal,

la muerte se esconde,

solo veo su sombra

en los cuerpos sellados,

solo escucho su nombre.

Cuando el Covid-19 nos consume,

somos llevados a prisa a los cementerios,

metidos herméticamente en los crematorios,

florecemos en el polvo atrapado en una urna,

no hay tumultos, es la despedida más fría

 de un ser que ha perdido la batalla,

y los que aun vivimos nos invade la nostalgia,

pero seguimos en casa, siguiendo las preinscripciones sanitarias.

 

 

Por: Jorge Èver Gonzàlez Domìnguez.

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