jueves, 25 de junio de 2020

Máximo Cerdio

Máximo Cerdio, Escritor

Máximo Cerdio nació en septiembre de 1964, en Huixtla, Chiapas, México.

Obra poética en libros: Susana San Juan (La Nave de Papel, Bacalar Quintana Roo –México–, 1996), La última sombra (Antinomia, México, 1996), Versión de la memoria anticipada (Antinomia, México, 1997), Las llamadas de Onán (Editorial La Otra Selva, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 1998), Rodrigo González, sus letras y otros rollos (El Angelito Editor, México, 1999), Susana San Juan (Universidad Autónoma del Estado de México–Editorial La Tinta del Alcatraz, México, 2001), Ascensos en caída (Fondo Editorial del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Chiapas, México, 2002); Caldo de verga para el alma (Volumen 28 de Destos deme dos. Editor, Productos y Consumibles Planeador, México, 2012); Lugar de Hechos, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, Espantapájaros Editorial, 2014; Mar íntimo (Editorial Lengua de diablo, Cuernavaca, Morelos, 2017); Crónicas surianas, Mochicuani, México 2020).

Como fotógrafo, ha participado en exposiciones colectivas en la ciudad de Cuernavaca, Morelos, en Puebla, Puebla, en Houston, Texas y en Chicago Illinois, Estados Unidos.

Reconocimientos: Primer lugar en el “Concurso Nacional de Poesía Álica de Nayarit A. C. 1993”; Premio al Mérito Periodístico 2014, en la categoría de crónica en publicación digital; Premio al Mérito Periodístico 2015, en la categoría reportaje en publicación impresa; Segundo lugar Premio al Mérito Periodístico 2019, en la categoría de crónica impresa.


Canción para Chalino Sánchez el Rey del corrido

 

No hay secretos

para los ojos de Dios ni para

la gente chismosa que está donde no la llaman.

Dicen, por ejemplo, que

cuando era niño mató al hombre que abusó de su hermana

y huyó al gabacho a esconderse y a trabajar.

Le gustaban mucho las pistolas.

A los 16 ya andaba una.

Su preferida era la 45:

“si no mata tumba”, decía.

En la cárcel y en la calle comenzó a componer corridos a personajes

que le pagaban con armas o con joyas, y algunas veces con dinero.

Otra vez la gente que siempre está

en los lugares donde ocurren cosas importantes

cuenta que en una ocasión llegó a un estudio (San Ángel, en California)

para grabar 15 corridos,

pero el vocalista no se había aprendido ninguno.

Chalino tuvo que cantarlos y en pocas horas grabó el primer álbum.

De allí en adelante, él mismo grabaría sus composiciones.

Formó su propia marca RRRecords y distribuía sus cassettes

en carnicerías y panaderías,

ninguna estación de radio quería tocarlas:

hablaba de historias reales, de contrabando, de asesinatos,

daba nombres reales, fechas precisas.

Después, firmó contrato con una compañía profesional de discos

y tuvo un grupo que lo acompañaría en las grabaciones

y en las tocadas.

El 29 de enero de 1992, después de una presentación en el Salón Los Arcos

De Cuachella, California, a las 23 horas, mientras cantaba

Eduardo Gallegos se le acercó y le pidió un corrido

Chalino dijo que se lo cantaría después de acabar la canción

pero el hombre replicó con dos disparos hacia el cantante y compositor,

que no lograron su objetivo.

El corridista saltó del escenario

y deshizo la boca al agresor

con la bala de su 9mm.

(Le gustaban mucho las pistolas.

A los 16 ya andaba con una,

relató su hermano Régulo.)

Desde ese día en que la Muerte le puso el primer mensaje,

también le llegó mucha fama.

La gente recuerda muy bien el viernes 15 de mayo de 1992.

Chalino Sánchez cantaba en el Salón Bugambilias, en Culiacán, Sinaloa.

(Su esposa asistió, porque nunca lo había oído cantar en vivo.)

Cuando interpretaba “Alma enamorada” recibió un mensaje mortal.

Un joven, en camiseta, se le acercó y le gritó su nombre de pila,

y Chalino no hizo caso,

a pesar de que su hermano Régulo le advirtió “Te están poniendo”.

Después de su actuación el cantante se marchó en su camioneta,

una Ford 92, color verde. Lo seguían varios autos.

 

Fue hallado a las siete de la mañana, del día siguiente,

tirado en el camino de terracería que bordea el canal de riego del poblado "La Presita",

siete kilómetros al norte de la ciudad.

Estaba vendado de los ojos,

tenía huellas de ataduras en las muñecas.

Rosalino Sánchez Félix murió

de dos tiros en la cabeza, a la edad de 32 años y tres meses

como el caudillo del sur Emiliano Zapata,

como Alejandro Magno, casi como Jesucristo y

Wolfgang Amadeus Mozart.

 

En El Panteón Los Vasitos,

en Culiacán, Sinaloa,

recibe muchas visitas de sus familiares,

de sus admiradores

que lo recuerdan

y cantan sus canciones, a su estilo.

Ahí lo puso la Muerte

que, como la gente chismosa,

está donde al hombre le pasa

la cosa más importante de su vida.

Allí descansan los restos de este muchacho que componía corridos,

que amaba las armas,

que le cantaba a las nieves de enero y lo mataron en mayo

cuando las flores sueltan sus aromas

como gritos de un recién nacido.



Fuente: Máximo Cerdio, 2020.

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